A días de cumplir 16 años, el Pelusa se probaba por primera vez la camiseta del Bicho en un partido contra Talleres. Así, empezaba la extensa carrera de uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol que en los próximos días soplará 60 velitas.
Promediando el segundo tiempo de aquella tarde de miércoles laboral en que Argentinos Juniors recibía en su estadio a Talleres de Córdoba, el DT del "Bicho" de entonces, Juan Carlos Montes giró la cabeza hacia el banco de suplentes y ordenó a un joven próximo a cumplir 16 años, de metro sesenta y cinco de estatura, opulenta cabeza enrulada y oriundo de Villa Fiorito, que ingrese al verde césped.
Se trataba, nada más, ni nada menos que de un tal Diego Armando Maradona, cuyo nombre, pese a que aún no había debutado en Primera, ya se daba a conocer en los pasillos del estadio de los de La Paternal que ostentaba la camiseta n°16 de su equipo. Es que previo al talento que desde niño destellaba en el potrero y sus años en las inferiores del Bicho, semanas previas a su debut, Diego había sido sancionado, aún sin haber debutado en Primera. Sí, así como leyeron.
¿Qué pasó? Con el primer equipo Maradona ya había jugado un par de amistosos, que incluyó haber enfrentado a Estudiantes, Vélez y un anecdótico encuentro ante Atlanta, en la que sobre el cierre vio la tarjeta roja por "hablar demasiado", según contó el propio Diego tiempo después. La tarjeta en cuestión le valió una suspensión de cinco fechas.
Por eso, una vez cumplida la sanción, Montes tenía decidido que ante el Matador, su joven estrella próxima a cumplir 16 años sumaría sus primeros minutos como profesional. Y así fue. Para su ingreso, Argentinos perdía 1-0 por el gol de Daniel Ludueña, el recordado mediocampista que marcó un antes y un después en la historia del club.
Esa tarde, Diego ingresó en lugar de Rubén Giacobetti, que era volante central. "No jugué bien y por eso en el ST salí para que ingresara Diego", recuerda este hombre que ingresó en la historia por cederle su lugar al Pelusa.
Para ese entonces, Talleres contaba entre sus filas con tres jugadores que años después integraría el plantel campeón del mundo en Argentina '78: Luis Galván, Miguel Oviedo y José Valencia.
Pese a que el resultado se mantuvo con ventaja para los cordobeses, el ingreso de Maradona dejó a todos boquiabiertos. Hugo Temporini, periodista de La Voz acreditado contó que al minuto de ingresar, el Pelusa le tiró un caño a Juan Domingo Cabrera. "Fue en la primera pelota dominada. No fue tan espectacular, pero la ovación que se escuchó fue tremenda. La jugada quedó en la historia, pero a mí lo que más me impresionó de él fue una media vuelta al borde del área, donde sacó un tiro que pegó en el travesaño".
Diez días después de su debut en el profesionalismo, Diego cumplió 16 años, y el 14 de noviembre de ese mismo '76 marcó su primer gol, ante San Lorenzo en Mar del Plata, aunque esa tarde terminó marcando por duplicado.
El tiempo pasó, Maradona quedó afuera de la lista de convocados para el Mundial de Argentina -su ídolo Ricardo Bochini también fue marginado-, fue campeón mundial juvenil en Japón '79 y hasta la temporada 1980 continuó en Argentinos, hasta que River y Boca lo tentaron con importantes números para la época.
La conquista del Mundial de México '86, el momento cumbre de su carrera. Con 26 años, tenía el mundo rendido a sus pies.
Sin embargo, pese a que se encontraba en una situación económica desfavorable, Boca se terminó quedando con el talento de Diego, que firmó contrato un 20 de febrero de 1981. Allí salió campeón del Metropolitano de ese mismo año -único título del Diez en el fútbol argentino- hasta que luego de su primera Copa del Mundo (España '82) fue vendido al Barcelona de España. El resto es pura historia: en el equipo culé hizo gala de su fútbol, fue campeón pero se fue por la puerta de atrás por un escándalo en una final ante el Athletic de Bilbao, pasó al Nápoli de Italia, lo puso en la cima del mundo, condujo a la Selección Argentina a la conquista de México '86, fue subcampeón mundial en Italia '90, volvió a España para jugar en el Sevilla, se vistió con la camiseta de Newell's, pegó la vuelta a Argentina para jugar en Boca, donde se retiró del fútbol profesional un 29 de octubre de 1997, un día antes de su cumpleaños n°37.
Sin saberlo, los asistentes a aquel Argentinos-Talleres de un 20 de octubre de 1976 que se jugó un día laboral por la tarde, y cuyo partido dejó una recaudación apenas por encima de los mil pesos, fueron testigos de la primera función en el profesionalismo de quien a la postre se convertiría en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.
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